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sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad!



Feliz navidad a todos, que la pasen genial, con su familia y amigos; todas aquellas personas que los aman.

lunes, 31 de octubre de 2011

No es un simple cuento

El peso de las cadenas en sus manos era insoportable, la falta de aire cada vez se hacía más latente, su corazón acelerado le dificultaba escuchar el ruido de los pasos «pum pum pum». Las lágrimas se agolparon en sus ojos y aunque intentaba no podía ver bien, aun así se fijaba a los lados frenética intentado ver más allá de las sombras.

Soltó un grito de horror cuando una sonrisa macabra y maliciosa apareció frente a ella, los dientes afilados y en la comisura de sus labios se notaba un rojo carmín, como el de la sangre…

—No por favor… por lo más sagrado, no me hagas daño —suplicó desesperada, pero la criatura no puso atención, un cuchillo plateado con el filo desgastado mostró.

«Tic tac, tic tac» marcaba el reloj y escuchaba el «plip plap» cuando las gotas de agua golpeaban contra el piso de madera que rechinaba a cada paso de la bestia.

Observó los ojos rojos y una risa estruendosa y terrorífica huyó de los labios secos. Escapó un grito de lo más profundo de su alma…
Su cuello había sido cortado y la criatura de las sombras bebió la sangre.

—Mentirosa —dijo una niña con los ojos color miel y el cabello castaño clarito que tapaba sus mejillas blancas—. Eres una mentirosa y no te creo nada, eso no pudo haber pasado —renegó con las manitos empuñadas y una expresión de molestia.

—Pues si no te gusta la historia puedes irte —replicó dejando la linterna a un lado y cruzando sus brazos con una mirada altiva—. No soy ninguna mentirosa, sucedió hace diez años en la vieja casa de los Rowen.

—Mentirosa —repitió con frenesí y, tomando la calabaza llena de caramelos de colores y otros negros combinados con naranja, se fue sacándole la legua y haciéndole viscos con los ojos.

—Ya no contaré más —replicó la chica más grande con su cabello negro y vestida de vampiresa cuando los niños pidieron que siguiera.

Los otros pequeños hicieron notar su descontento con esa decisión, habían estado con los labios apretados y la garganta seca cuando inició el relato, pero ahora, por culpa de la pequeña fantasma, no sabrían nada más. Enfadados algunos fueron tras la chiquilla.

—Dulce —llamaron cuando la niña recibió más caramelos de una amable vecina.

—¿Qué quieren? —interrogó caminado a la siguiente casa.

—Has dicho que el relato de Lili es una mentira, no te importará comprobarlo ¿cierto? —dijo dando golpes con su zapato y sus manos detrás suyo.

—Mis padres no me dejan entrar a la casa de los Rowen —respondió resuelta y tocó el timbre—. ¡Quiero paz, quiero amor, quiero dulces por favor! —cantó y esbozó una enorme sonrisa cuando le dieron muchos dulces.

Los niños le pusieron la mano sobre el hombró y fruncieron el ceño, eran un poco mayores, le tomaron la mano y empezaron a jalarla por la calle hasta el otro lado. Las personas los miraban con confusión, pero luego lo alegaban al día y a las bromas por más que la chiquilla gritaba que la dejaran.


—Entra —ordenaron a unísono, ella renegó y les dio un golpe para que la dejaran en paz—. ¡¡Gallina, gallina, gallina!! —corearon con sonrisas malignas.


—¡Son unos idiotas! —exclamó con los labios apretados y soltaron una carcajada. Enfadada agarró fuerte el lasito de su canasta de dulces y buscó una entrada.


Ellos la observaron con expresiones triunfantes y la siguieron por el húmedo pasto.


Una ventana estaba rota, se subió encima de algunas cajas y entró con algo de dificultad por su estatura.


El piso rechinó tras sus pasos cortos y temerosos. Algunas sabanas blancas tapaban los muebles, se veían empolvados, a cada paso que daba la engullían las sombras de la habitación. Tímidamente palpó la barandilla de la escalera y subió el primer escalón, a medida que caminaba contaba en su mente, tratando de distraerse.


Cinco, seis… resonaba. Sus zapatitos blancos se deslizaron por la alfombra rojo, un rojo gastado y manchado por el tiempo. Había varias puertas, una en especial abierta, tenía un letrero polvoriento que alguna vez fue dorado.


Gritó al sentir una mano en su hombro, algo cayó, que siguió en hilera, provocando un efecto de dominó. Tapó sus ojos e intentó escabullirse por el piso, asustada como estaba no pensó en más que huir, pero una tabla del viejo suelo se rompió cuando algo cayó y quedó atrapada. Alzó su mirada, un rostro verde y arrugado, unos colmillos largos y afilados…


—Tranquila. —La voz era suave, tomó su pierna y de un jalón la liberó.


Se abrazó al cuello de su salvador.


—No deberías estar aquí, Dulce. La estructura es tan antigua, podrías lastimarte.


—¿Quién eres?


—Una amiga —contestó con suavidad, llevándola de la mano por el pasillo.
El sonido de los grillos y los árboles contra la ventana la tenía nerviosa junto con el ulular de los búhos, se apegó más a la chica que apretó su mano, la sintió helada...


La guió hasta una nueva la puerta y le hizo un gesto para que entrara. Quiero que te quedes conmigo dijo bajito se dio cuenta de que tenía el cuello roto cuando se quitaba la máscara.


Gritó con todas sus fuerzas y corrió. La chica no le impidió que se fuera, la atravesó sin ningún problema y una corriente eléctrica pasó por su columna vertebral.




—…ding dong —hizo el reloj a la media noche, mientras me alejaba de la casa, me fijé en las ventanas de arriba, unos ojos fantasmales me observaban. Seguí corriendo y no volví mi mirada —aseguró de manera convincente.


—Estás loca, no puedo creer que pasaras por eso —respondieron enfadados los más pequeños.

Los niños se levantaron y dieron la vuelta, ya no era tan fácil asustarlos, ni aunque la historia fuera real, de vez en cuando pasaba por la vieja casa de los Rowen, de noche, aún podía verla, le observaba con ojos tristes y desolados al poner su mano contra el vidrio. En las noches podía escuchar un susurro traído por el viento  «Ven conmigo» decía.

Cerró los ojos y se levantó, de nuevo pasó por allí, el mismo rostro… una suave llovizna, de nuevo el susurro… Un paso, luego otro y al final una sonrisa de la chica fantasmal…


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Es algo qeu escribí para un concurso de Hallowen en un foro

miércoles, 5 de octubre de 2011

La puerta y las fotos


     Entre los interminables pasillos con paredes de cristal, que ya están empolvados porque se olvidaron hace demasiado, se oculta una puerta de oro con un cerrojo que jamás se cerró con llave, pero nunca se volvió a abrir.

     Tras la puerta, una habitación olvidada espera un día que nunca llegará, un día en que los libros, entre los que se perdieron las risas de la infancia, se vuelvan a abrir; en que los pasos que quedaron atrapados en el corredor y volvieron a la habitación, dejando lágrimas que quedaron encerradas bajo el candado de un diario, regresen otra vez.

     Son pasos que se olvidaron, entraron a tropiezos y salieron tranquilos,  llenos de promesas falsas de seguridad. Pasos que querían dar saltitos y de vez en cuando sólo querían correr para escapar.

     Allá, tras esa puerta olvidada que nunca traicionó a la mente, pero si traicionó al corazón se ocultan los recuerdos de una vida que en algún momento fue lo mejor.

     Pobre puerta, se oxidó a propósito, ya ni siquiera porque la quieran volver a abrir se mueve, quedó atascada de tal forma que únicamente se puede abrir una pequeña rendija que da vista al álbum de fotos empolvado con nombres que ya perdieron significado, fotos que  de vez en cuando pasan las páginas para permitir un vistazo al pasado, pero a cambio de ese vistazo se obtiene más polvo, ya es tanto que las más viejas ni si quiera se pueden ver y las más nuevas no tienen razón de ser.

     Únicamente quedan las que se van tomando en el presente, esas que están atrapadas en una cámara porque no tiene lugar donde vivir ni un pasado que les pueda decir cómo llegaron hasta ahí. Son fotos desordenadas, confundidas y sin esperanzan de explicación, ya se resignaron a ser pasado de un futuro sin ellas mismas tener uno, aunque dicen que traman una conspiración.

     Pobre puerta, de escuchar tantos rumores tomó una decisión, robar la llave para asegurarse de que esas fotos sin lugar no ocupen el de las demás, ya que si lo hicieran solo quedarían rezagadas a también ser olvidadas. 

miércoles, 31 de agosto de 2011

Recordar


     Es que no podemos olvidar —al menos yo no puedo—las sonrisas secretas que casi besaban, las miradas coquetas que por poco tocaban. Los besos, los abrazos fuertes, las tomadas de mano, las promesas que no se cumplieron porque los días nunca llegaron, las caricias; esas que prodigabas casi con miedo, como si en cualquier momento fuera a rechazarte, cuando la verdad es que en cuanto me tocabas quedaba hechizado.

     Yo sé que aún recuerdas como me aferraba a ti, que no dejaba de mirarte, de grabar tu recuerdo en mi memoria porque así como tú tenías miedo que dejará de amarte yo temía que te fueras, peor… que te alejaran de mí, en el primer caso podrías volver; en el segundo… nada era seguro.

     Pero vivíamos con eso. Pasábamos los días juntos. Yo feliz de tenerte, tú feliz de amarme y que te amara, que te ame. Nunca mencionábamos nada sobre tu mundo o el mío, ambos tan diferentes y dispares que podían separarnos. Si en algún momento la angustia hacía acto de presencia te abrazaba muy fuerte y tú buscabas, con la suavidad y lentitud que me enloquecía, los latidos de mi corazón bajo tu mano.

     Sin embargo el día acababa junto con nuestro tiempo, era cuando la realidad nos golpeaba que soltábamos nuestras manos y los pasos que nos separaban se convertían en kilómetros.

     Y de pronto…

     De pronto…

     Todo fue tan repentino, todo fue tan rápido. Un día estabas, el otro no y al siguiente quedamos atrapados, cada uno por su lado. Nuestras prisiones diferentes, pero ambas tenían encadenados nuestros corazones, que se consumían lentamente.

     Y poco a poco nos apagamos, sumidos en el desconsuelo. Cuando el candado que mantenía unidas las cadenas se abrió con un chasquido ninguno se dio cuenta, nuestros corazones estaban dormidos. Ahogados en el sopor silencioso de las lágrimas que se habían derramado y secado.

     Pero los hilos que nos unían, cuyo tira y afloja creíamos perdido, jalaron una vez más, despertándonos del letargo en que nos sumimos.

sábado, 27 de agosto de 2011

Recordar


     Es que no podemos olvidar —al menos yo no puedo— los besos, los abrazos, las caricias; esas que prodigabas casi con miedo, como si en cualquier momento fuera a rechazarte, cuando la verdad es que en cuánto me tocabas quedaba hechizado.

     Yo sé que aún recuerdas como me aferraba a ti, que no dejaba de mirarte, de grabar tu recuerdo en mi memoria porque así como tú tenías miedo que dejara de amarte yo temía que te fueras, peor… que te alejaran de mí, en el primer caso podrías volver; en el segundo… nada era seguro.

    Pero vivíamos con eso. Pasábamos los días juntos. Yo feliz de tenerte, tú feliz de amarme y que te amará, que te ame. Nunca mencionábamos nada sobre tú mundo o el mío, ambos tan diferentes y dispares que podían separarnos. Sí en algún momento la angustia hacía acto de presencia te abrazaba muy fuerte y tú buscabas, con la suavidad y lentitud que me enloquecía, los latidos de mi corazón bajo tu mano.

     Sin embargo el día acababa junto con nuestro tiempo, era cuando la realidad nos golpeaba que soltábamos nuestras manos y los pasos que nos separaban se convertían en kilómetros.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Piruleta de Chocolate


El corazón le latía como loco, incluso ni él mismo creía aquello que veía, ¡pero era cierto! No podía ser otra alucinación más, sí lo fuera estaría perdido…

La chica estaba mirando el cielo con una piruleta de chocolate en la boca, sabía que era su sabor favorito, ella nunca comía de ninguna otra. Caminó hacia ella corriendo, el ruido de los pasos llamó la atención de ella, aunque la calle estuviera llena de transeúntes apurados por llegar a sus hogares o trabajos.

Ella lo miró, notó como sus ojos lo observaban sorprendidos, de repente sonrió y él no pudo evitar gritar su nombre sintiendo que su corazón explotaría, empujó un par de personas mientras ella relamía la piruleta y daba media vuelta. Apuró el paso, temiendo que ella desapareciera de nuevo, agarró su mano rápidamente y una chica que no era la que buscaba lo miró.

No podía equivocarse. No de nuevo. Buscando por todas partes la vio mirarlo antes de entrar un callejón, corrió gritando su nombre varias veces. Ella lo ignoraba ¿Por qué lo hacía? Lo estaba abandonando, nuevamente. Sintiendo la angustia unas lágrimas escaparon de sus ojos, llego al callejón y entró, pero no se hallaba más que un gato buscando comida en el basurero.

Resbaló por la pared y abrazó sus rodillas mirando el cielo ¿Dónde estaba…dónde estaba ella? ¿Por qué lo había dejado?



—Creó que me he enamorado de ti —balbuceó el muchacho que era entonces mientras la veía mover los pies en el agua. Ambos estaban sentados a la orilla de un río con las manos apoyados hacia atrás, aunque ella solo una porque con la otra sostenía una piruleta de chocolate, llevaba cinco en todo desde que estaba con ella. Ella veía el cielo, él solo tenía ojos para ella.

—No tiene ningún sentido —dijo ella tranquilamente—. Que me lo digas —añadió—. Para mañana te habrás olvidado de mí —murmuró tan campante. Él la observó angustiado, quería ver sus ojos.

—Claro que no, no se puede olvidar a alguien del que te has enamorado a primera vista.

—Iluso —burló soltando una carcajada—. Cómo se nota que no me conoces, cómo se nota que no sabes quién soy. ¿Sabes cuántas veces he escuchado eso? —preguntó relamiendo la piruleta—.Voy y vengo, nunca estoy en un solo lugar por mucho tiempo, para mañana me habré ido. Ya he observado el cielo de esta ciudad por mucho tiempo.

—¡No puedes irte! —protestó— ¡No puedes abandonarme! Si te vas iré a buscarte —aseguró. Ella negó con la cabeza.

—No vas a recordarme, no importa lo que pase. Mañana no me recordaras —prometió ella—. Recordarás este lugar y lo que hemos hablado, pero nada más, será como un sueño, siempre es así a donde vaya, todos me olvidan —comentó encogiéndose de hombros. 

Parecía no importarle, pero a él no lo engañaba había algo triste en su mirada—… Es mi maldición —susurró tan bajo que creyó que era su imaginación—. Voy y vengo, siempre ayudo, pero nadie nunca me recordara. Es mi destino.

—¡No me olvidare de ti! —gritó muy seguro.


No se había olvidado de ella, pero no sabía que era peor, si pasarse la vida buscándola en cada calle, en cada callejón o no saber que existía. Con el corazón destrozado, mirando al cielo la vio en la azotea, sentada tranquilamente lamiendo la piruleta con forma de corazón. Se levantó rápidamente y gritó su nombre de nuevo. Ella sacó algo del bolsillo y se lo lanzó. Por atraparlo bajo un momento la mirada. Cuando la alzo se había ido de nuevo.

Era una piruleta de chocolate con una nota pegada. «A veces el recuerdo es tan malo como el olvido. Espero que esto endulce tu recuerdo así como endulza mi tormento».

miércoles, 3 de agosto de 2011

Por ti, por mí


Por ti, por mí, por nuestro sueño, ese que nunca se cumplió, el que creímos olvidado y guardado en un cajón.

Ese en el que despertábamos juntos, caminábamos por la calle cogidos de las manos, en el que nos besábamos sin miedos, sin mentiras ni engaños…

Por ti, por mí, por ese sueño que nunca se cumplió, porque todo dio la vuelta y nuestra vida se volvió una condena, porque las cadenas son nuestras miradas, porque mi pesadilla es tu recuerdo, mi carcelero tus ojos  y tenerte un sueño imposible.

Porque cuando nos vemos cambias silenciosamente de acera o caminas como si no me vieras, porque cuando te veo apartó la mirada, pero se me es imposible no voltear a verte la espalda, porque sé que tú también lo haces y es cuando nos encontramos y volvemos la mirada al frente, donde definitivamente nuestros caminos se separan.

Por ti, por mí, por ese sueño que nunca se cumplió, por las lágrimas que murieron al caer al suelo y las que nunca abandonaron nuestros ojos.

viernes, 1 de julio de 2011

Miradas

     Ese día su hermano peleó, ella intervino, y luego de una discusión en que ella terminó con lágrimas en los ojos; su hermano con la furia, decepción y satisfacción en la cara; los demás estaban pasmados al no entender nada.
     Un hermano frente al otro y más allá la razón de sus discusiones continuas.
     Su corazón y razón estaba en juego, era uno o el otro. Su hermano no la dejaría en paz, no podría ser feliz… pero sí no lo tenía a él nada iba a tener sentido y… a él no le harían daño.
     Entonces su hermano estiró el brazo, titubeante lo cogió, sin siquiera dirigirle una mirada a él, no podría hacerlo si lo observaba.
     Su hermano le rodeó los hombros con un brazo, se dirigió hacia el chico de más allá y la apretó contra él.
     «Nunca será tuya» decían los ojos de su hermano con una sonrisa burlona.
     «Lo siento» gritaban los de ella con lágrimas.
     «Lo sé, pero aún así…» contestaron los de él.
     Ambos apartaron la mirada al mismo tiempo, sus manos no se rozaron —a pesar del magnetismo que las quería unir— solo haría todo peor.
     Cuando todos preguntaron él sonrió y dijo que no pasaba nada, porque él era fuerte.
     Ella con su hermano al lado se echó a llorar, porque ella era débil y cobarde.
     Nadie se dio cuenta de que él tenía las manos empuñadas. Todos supieron que ella lloró.
     De nuevo quedo escrita la verdad. Fuerte contra débil.

miércoles, 15 de junio de 2011

El problema eres tú en la red

¡Hola! ya pueden leer "El problema eres tú" en "Plumas Azules", "Fanfic.Es" y "Fictiompress".

¡Nos vemos!

miércoles, 8 de junio de 2011

El problema eres tú

¿Quién quiere nueva historia? Digan "¡Yo!"
Bromas aparte... luego de semanas (ni idea si ya se cumplió el mes) de estar sin escribir nada aparte de drabbles (amo esos pedacitos de corazón) ¡por fin voy a publicar una historia larga! Sí, así como dice el título de la entrada se llama "El problema eres tú" y ahí va la sipnosis con la portada:


     Jared O’Conell tiene una obsesión malsana con aquel acuerdo, según su mejor amigo. Por supuesto él no lo ve así (claro que estuvo a punto de tener un ataque cuando George, su «casi» socio, dijo que no estaba de acuerdo y que quería agregar una nueva clausula). Luego no lo deja marchar e insistente en que se quede, siendo sometido a ver las miradas de frialdad y odio que se lanzan él y su hija, ni siquiera se contenía por el hijo de Evangeline presente, quien parecía estar acostumbrado.

     Luego de semanas de espera, cuando creyó que por fin obtendría lo que quería, y merecía por el infernal almuerzo por el que paso la tarde en que George se negó a firmar el acuerdo sufre un autentico shock.

     Lo clausula es por demás ridícula, cuando George se empieza a creer que el hombre no está bien de la cabeza, debió haber sufrido un momentáneo ataque de locura cuando redacto el acuerdo. Sin embargo, él debe estar más loco para aceptar…

     ¿Qué es lo que pide George y porqué Jared ha aceptado? ¿Qué hay detrás del pasado de niña rica de Evangeline?


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Publicare el miércoles a partir de la otra semana en "Plumas Azules", "Fanfic.Es" y "Fictiompress".

martes, 31 de mayo de 2011

Consurso 400 seguidores de Erzenguel

¡Hola, hola! EL blog de "Erzenguel: Palabras al viento" esta haciendo un concurso por sus 400 seguidores.

El premio es poder elegir entre estos libros:

La hora del Ángel, de Anne Rice.
El Portal de las Hadas, de Ariel Pytrell.
La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu.
Cazadores de sombras 3, de Cassandra Clare.
El evangelio del mal, de Patrick Graham.
Crescendo, de Becca Fitzpatrick.


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miércoles, 25 de mayo de 2011

Se fue

A veces era difícil no recordarla, la veía en cada esquina con los libros en la mano y la mirada perdida. Sin embargo, ella volteaba a verlo y sonreía, con aquella sonrisa alegre y melancólica que siempre le perteneció. Sus ojos sonreían, pero guardaban la tristeza de que no podía estar con él. De repente un auto pasaba y ella simplemente no estaba, era ahí cuando recordaba que todo era una ilusión.

No sabía dónde estaba. Había desaparecido llevándose su corazón con ella. Dejándole el recuerdo de sus últimas lágrimas. El de sus ojos oscuros, la voz suave y pausada que siempre le hacía la misma pregunta cada que se veían. «¿Me quieres?» a lo que él contestaba «No» y la besaba para demostrarle que en realidad la amaba.

Ella se apoyaba en su pecho. Él le acariciaba el cabello. Luego ambos se abandonaban al silencio o las risas y todo terminaba con un triste «Nos volveremos a ver», una lágrima, un te quiero y ella reemplazaba la calidez de sus brazos con el frío de su ausencia.

Su sonrisa siempre tímida y lenta en aparecer se asomaba en sus labios cuando la volvía a ver, desaparecía cuando se daba cuenta que estaba en medio de una calle y ellos, se supone, no se conocían, y el leve rose de sus manos —casi accidental—, aunque enviaba una corriente por su columna, no era suficiente para darles calor.

Y cuando nada podía ir mejor… ella simplemente desapareció.

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Muy pronto regresare con una nueva historia...

miércoles, 4 de mayo de 2011

Eco del pasado

     No hace mucho tiempo que se fue, aun está impregnado su perfume en todo el lugar. Tomó sus conver’s, la billetera, la mochila, un cuaderno, el lapicero y no volvió a llamar. No era solo que no se hubiera llevado el celular, es que no quería saber nada más.

     ¿Qué le sucedió? No lo sé, sigo preguntándomelo. Solo sé que dio la espalda, dejo unas cuantas lágrimas atrás y se fue caminando por la mitad de la calle mientras tarareaba una canción, con solo la mochila al hombro, las manos metidas en los bolsillos y unas gafas de sol.

     Aseguró que buscaría su propio camino y si sabían de ella no era porque ella lo quisiera; que si sabían de ella solo era cuestión de jugarretas de la vida, pidió que la olvidaran, pero fue imposible; quedó el recuerdo de las notas en el aire, con el sonido triste de una guitarra, la voz que canta canciones de promesas y esperanzas, quedó el eco de las risas y el sonido de las pisadas inexistentes.

     Todo quedó suspendido en el tiempo a partir de aquel momento, era como si los años no pasaran, aún se oían los pasos, el tecleo del ordenador que nadie usaba, las canciones que solía tararear una y otra vez, quedaron como un eco. Se podía escuchar el abrir y cerrar de la puerta, esa que nadie abría, que no usaban porque era la de la chica que dio la espalda mientras lloraba, pero tomó las gafas de sol y salió a la calle entonando una canción y nunca regresó.

miércoles, 27 de abril de 2011

Olvidare todo lo que significas

     —¿Por qué regresaste? —fue lo único que escapó de mis labios al verlo.

     Seguía tan alto como lo recordaba, con esa pose imponente que de niña me asustaba, pero ahora ya no le temía por lo que lo observe a los ojos desafiante.

     Quería reclamarle y gritarle que no era necesario que regresara, que podía irse por el mismo lugar que vino y que hace años se había ido. No tenía porque haber vuelto justo cuando lo olvide y su nombre no era más que un eco del pasado.

     —Por ti —contestó de manera corta.

     —No debiste, no te quiero cerca —musité dándole la espalda.

     Quería olvidarlo y esta era la mejor forma, alejarme de él y todo lo que significaba.
      Porque por cada sonrisa que esbozaba era una lágrima que deseaba escapar.

     Ya no quería llorar, lo odiaba y todo lo que él significaba eran lágrimas tristeza y dolor. No me di la vuelta para verlo una vez más, él quedaría en el pasado con mis lágrimas, observaría el mundo y sonreiría y en mi mente enterraría todo aquello que sentí por él.

martes, 19 de abril de 2011

Todo el mundo sabía

Todo el mundo sabía que el uno estaba enamorado del otro, se notaba en las miradas y sonrisas, en sus ojos. Todos lo sabían, incluido él, porque ella con su despiste de aquí a la luna nunca analizó lo que sentía, por eso… cuando él intento «Sacar un clavo con otro clavo» lloró sin saber por qué.

Con su sonrisa fingida, sus ojos tristísimos le dirigió una mirada, una de esas que antes le colocaban los pelos de punta y ahora sólo lograban romperle un poquito el corazón, sabía lo que le estaba haciendo, a pesar de que ni ella misma se diera cuenta de sus sentimientos.

Es que todos lo sabían, incluido él, todos menos ella.

Dejaron de dirigirle la palabra, lo trataron de cruel. Cuando finalmente se decidió a acabar con la tortura, la de él, la de ella, porque eso de «un clavo saca otro clavo» claramente no había funcionado, porque ella no se daría cuenta a menos que se lo dijeran, por eso se lo gritó.

Lo hizo frente al colegio; se paró en la tarima —con micrófono en mano— y le grito a los cuatro vientos, pero en especial a ella un «Te amo».

Todos lo sabían, pero fingieron no saberlo, cuando empezaron a verse, a rozarse las manos, a sonreírse con aire de complicidad, a besarse en las mejillas… en las comisuras de los labios y luego completamente. Todos sabían que ella aceptaría, todos sabían que él no aceptaría un «no», todos sabían que ellos se querían, con locura, con todo el corazón.

domingo, 10 de abril de 2011

Un simple te quiero

—Te quiero —susurre cortando el silencio que se había formado entre nosotros, a pesar de que no ser incómodo llegue a la conclusión que era el mejor momento para decírtelo.

El que me dijeras «yo igual», me abrazaras y  besaras en la coronilla me hizo comprender que no habías entendido el verdadero significado de mis palabras.

Sólo sonreí y te correspondí, no había sentido en sacarte de tu error.


—Tengo novio —dije de repente al sentir que me abrazabas.

—Sólo espero que te cuide —replicaste sin alterar el tono de voz, pero tus actos engañaban tu pose despreocupada, me abrazaste más fuerte contra tu pecho y tu aliento provocaba cosquillas en mi oreja.


—Voy a casarme —musite al sentir como tomabas mi mano.

Sonreíste feliz y besaste mi mejilla, abrazándome, a modo de felicitación, una lágrima escapó de tus ojos sin que te dieras cuenta, lo supe por que corrió libre por mi hombro.

—Sabía que te iba a querer. —Tu voz sonó cortada y triste, aún así no dijiste nada más.


—Acepto —contesté al padre mirándote.

Estabas en primera fila, con los ojos cerrados y una sincera sonrisa. En primera fila como siempre, mi primer amigo y mi primer amor, pero no fuiste tú con quien me case.

No. Aquel chico que me besaba era otro, uno que había traído mil rosas y un millón de cajas de chocolate.

Infantilmente creí que te levantarías y dirías «yo me opongo», como en las pelis, como si en verdad me amaras y fueras a detenerme.

Confié en que me detendrías en el último momento, con un beso me robarías el aliento, subiríamos a tu auto y escaparíamos a las vegas para casarnos, ese era mi sueño de niña y tú lo conocías…

Ahí en el altar una lágrima rodó por mi mejilla, cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos, así como cuando mi corazón se partió verte besándote con una chica, pero éramos niños en aquel entonces.


—Te quiero —murmuraste de repente mientras empujaba un poco más alto el columpio en el que iba el pequeño niño.

—Yo igual —conteste besando tu mejilla.

No dijiste nada. Sólo  cerraste los ojos con una sonrisa vaga.

Yo sabía a lo que te referías. El verdadero significado de tus palabras, era el mismo tono de voz  con el que te dije que te quería, con que quise decirte que te amaba…

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ella. Él

     Ella era una mezcla de risa y lágrimas, alegría y tristeza, inocencia y burla. Porque recordaba la primera vez que pelearon, ella lanzó un golpe bien dado y luego se burló, lanzándole un beso con aire conquistador al terminar. Recordaba eso porque muchas veces lo hizo, pero también el rubor de sus mejillas cuando confesó que nunca había besado a nadie.

     También estaban las miles de veces que la vio llorar, abrazarse a sí misma para que nadie la escuchara. Fue en una de esas  ocasiones en que limpió sus lágrimas que la acercó más de lo necesario, casi hasta tocar sus labios, en que ella intentó alejarlo excusándose con que no sabía besar que él contesto «No te preocupes. Yo te enseñó»

     Miles de veces deseo repetirlo, volver a besarla hasta dejarla colorada, pero claro ella era terca y asustadiza, cuando algo se le metía en la cabeza era prácticamente imposible sacárselo. Ella, tan simple y complicada, tan cercana y lejana. Tan ella que simplemente la soportaba, sin importar si dejaba que le robara un beso o no, ahí estaba, tan tonto, tan él.


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¡Hola! Tal vez hayan buscado el capi de "La búsqueda" y la verdad es que hay un retraso con eso, esta casi listo, pero tengo muchos exámenes y pues intentare ponerlo antes del fin de semana, no prometo nada porque los jueves me toca estudiar hasta muy tarde y tal a profe le de por hacer examen el viernes ¬¬.

sábado, 26 de marzo de 2011

Sólo tú. Sólo yo.

Tú y yo lo supimos en cuanto nos vimos, aunque tratamos de ocultarlo, de herirnos el uno al otro; sólo ambos lo supimos, con vernos a los ojos la primera vez y única vez que nos vimos sin reparos, por cosas del destino. Nadie más lo supo, porque nadie más pudo verme, porque yo era invisible y callada, porque a ti volteaban a verte cuando caminabas.

Sólo tú. Sólo yo.

Éramos los dos, separados por un muro enorme, el de nuestra propia sociedad, porque yo vestía ropa cara, porque la tuya era barata, porque yo no podía soñar, porque a ti era lo único que te permitía seguir adelante, porque yo lloraba por ser débil, porque tú sonreías al ser más fuerte.

Sólo tú, sólo yo, solos los dos.

Enamorados, perdidos y tratando de olvidarnos

Solos con nuestro secreto, porque alguna vez lo compartimos y las cosas terminaron mal.

Él muerto, nosotros vivos.

Él tranquilo y descansando en paz. Tú y yo tratando de olvidar, sonriendo a los demás con falsedad.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Porque hay cosas que no deben callarse

Hoy traigo una campaña empezada por May's Places


Hoy, miércoles 23 de marzo del 2011. A eso de las 8 y algo de mañana, una señora —si es que se le puede llamar así— atropelló a un perro que iba cruzando la calle. Si bien el animal se devolvió en medio, ella tuvo suficiente tiempo para frenar, porque como no ver a un Pastor Alemán a menos de diez metros... Para esa señora, si es que llega a ver esto, le aviso que hay un pedal que se llama FRENO y es bastante útil, y también espero que para cuando vaya a renovar licencia, se la quiten porque si no es capaz de frenar por un perro, mucho menos por una persona...

Todo esto ocurrió en el sector del paradero de la población Juan Wesley, frente al Tottus, donde por lo general cada mañana hay un carabinero para que los transeúntes puedan cruzar sin problemas, justo esta mañana no había nadie... Por el camino San Alberto Hurtado (ex camino Melipilla), en la comuna de Padre Hurtado.

Si alguien ve un vehículo con esa placa patente y que lo conduce una señora teñida de rubio con aproximadamente unos cuarenta y algo, más cercanos a los cincuenta años, pueden destrozarle el auto sin problemas, ya que fue lo único que le interesó, porque metros más adelante se detuvo para ver cómo quedó de destrozado el foco derecho luego del impacto. O si quieren dejarle algún recuerdo por ser una asesina, es bienvenido.

Ahora si quieres ayudar a propagar esta foto para que todo mundo se entere de la clase de persona que es, sólo copia la fotografía y difúndela. Todo ocurrió en Padre Hurtado, región Metropolitana, Chile. Gracias por tu ayuda.

lunes, 21 de marzo de 2011

Nuestro último verano

Recuerdo aquel último verano como si hubiera sido ayer, a pesar de que han pasado tantos años. Eras a penas una niña de dos años y yo de siete cuando nos conocimos, tu madre y la mía era muy amigas, siempre soñaron con vernos juntos, aunque yo sólo te veía como mi hermanita, te cuidaba a protegía durante esas pocas semanas en que venías.
Hasta que cuando cumpliste tus ocho años no sonreíste al verme, todo lo contrario, estuviste a punto de llorar, aunque no me entere de la razón hasta el día siguiente en que te fuiste y vi el letrero de «Se vende» en tu casa; ya te habías ido de vuelta a tu casa en la ciudad, para nunca regresar.
Supe que tus padres iban a separarse y venderían la casa de campo, ellos creían que te lo ocultaban fingiendo que se llevaban bien, querían que tuvieras un último verano feliz antes de que toda la mentira cayera como cae el telón en una obra de teatro; fuera como fuera te enteraste, por eso el último día que nos vimos viniste a mí sollozando, te hiciste un ovillo en mis brazos y lloraste con desconsuelo, no encontré la manera de calmarte. Recuerdo que al escuchar los gritos de tu madre te levantaste como si te hubieran dado un corrientazo, ibas a salir corriendo, pero los cordones desatados provocaron que cayeras, te jalé el brazo y nuestros labios terminaron juntos, nuestras mejillas se colorearon.
El mejor recuerdo que tengo de ti es ese, porque en ese momento esbozaste una sonrisa atontada, la más sincera que vi en esas semanas. Es lo único que recuerdo, porque al crecer quise olvidarme de ti para no sufrir.
Pasaron los años; yo me fui, si alguna vez regresaste no lo sé. El mejor recuerdo y único que tengo de ti es el de tu sonrisa atontada e infantil; tus mejillas, sonrojadas; el bote de tu cabello contra tu espalda, cuando saliste huyendo.

domingo, 6 de marzo de 2011

¡Un año!

Bueno, esta entrada es porque me he quedado O_O ayer cuando buscaba ala fecha de mi primera entrada y pues quede con la boca abierta al ver que era para el otro día -hoy- y pues no es por nada, soy bastante malita con esto de las fechas de aniversario así.


¡Feliz cumple a mi blog!


Y bueno pues es para agradecerles a todos esos que han leído, reído llorado con estás cositas que escribo y que me han seguido hasta aquí *-*.

domingo, 27 de febrero de 2011

Una pequeña sorpresa

Muy pronto pondré una mini historia de los hermanitos Abiatti (Nico, Lizzie,) que consta de tres capítulos, de los cuales están escritos dos y medio XD. La historia se llama "Los celos de hermanos también causan daño" (debió ocurrirseme un nombre más corto).

Resumen:

Elizabeth odia a cualquier chica que se acerque a su hermano en plan «más que amigos». Hará hasta lo imposible para alejar a cualquier arpía de su hermano —como siempre ha hecho—, pero cuando las cosas se salen de control y Nico se enamora no le importara aplastar los sueños, ilusiones de dicha chica.
Los celos porque alguien les quite al querido Nico se salen de control en los hermanos. Lograran su cometido de alejar a Kim, pero también le romperán el corazón a Nicolay.

domingo, 20 de febrero de 2011

Feliz cumple Vivi!

Esta entrada va dedicada a mi mejor amiga y la que ha estado conmigo desde siempre. Esa loca que me hace reír cuando estoy depre XD.



Feliz cumple, que te den muchísisisisisissimos regalos ^-^

jueves, 3 de febrero de 2011

Un ángel y un desconocido

     Estaban alrededor de la fogata el fuego crepitaba mientras sus amigos reían y contaban chistes, cuentos de terror… También contaban sus experiencias con las chicas.
     —¿Quién se ha enamorado? —Algunos soltaron una carcajada ante la pregunta, otros rieron tímidamente al tiempo que asentían, él se limito a cerrar los ojos.
     «No» se dijo a sí mismo, nunca se había enamorado, pero ante ese pensamiento la imagen de una chica que conoció hace más de un año…
     Tenía el cabello medio largo, claro, parecía del color del sol; ojos, cristalinos, limpios y transparentes; su ropa negra, tenía un aspecto despreocupado.
      Pidió que le enseñara las calles de la ciudad, no se negó. Fue uno de los mejores días de su vida. Ella le dijo que su nombre era Ángel, cuando fue a decirle el suyo le pidió que no lo hiciera, que prefería guardarlo como un secreto.
     Había aceptado, la sonrisa que le regaló sólo fue el inicio de muchas más de aquella tarde, recordó que comió helado y rió como no lo hizo antes. Ángel era una chica dulce, sencilla y sonriente.
      Al final del día un auto aparcó a unos metros de ellos, pudo distinguir que era caro —uno de los últimos modelos para ser exactos—, ella dijo que debía irse… Le sonrió, pero era una melancólica y triste. Las palabras textuales que ella dijo fueron: «La razón por la que pedí no saber tu nombre, es porque es mi último día de libertad, tenía doce horas para disfrutar. Me encadenaran a una jaula de oro. Tú olvidarás que alguna vez le enseñaste la ciudad a alguien, yo recordaré este día como el más feliz y no evocaré tu imagen a través de tu nombre, serás el desconocido que me hizo feliz».
     Al principio no comprendió, pero cuando ella salió corriendo y subió al auto entendió que no volvería a verla.
     Ella se convirtió en un ángel —así como su nombre lo decía—, que custodiaba sus sueños. Él, en un simple desconocido.
 

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