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miércoles, 27 de abril de 2011

Olvidare todo lo que significas

     —¿Por qué regresaste? —fue lo único que escapó de mis labios al verlo.

     Seguía tan alto como lo recordaba, con esa pose imponente que de niña me asustaba, pero ahora ya no le temía por lo que lo observe a los ojos desafiante.

     Quería reclamarle y gritarle que no era necesario que regresara, que podía irse por el mismo lugar que vino y que hace años se había ido. No tenía porque haber vuelto justo cuando lo olvide y su nombre no era más que un eco del pasado.

     —Por ti —contestó de manera corta.

     —No debiste, no te quiero cerca —musité dándole la espalda.

     Quería olvidarlo y esta era la mejor forma, alejarme de él y todo lo que significaba.
      Porque por cada sonrisa que esbozaba era una lágrima que deseaba escapar.

     Ya no quería llorar, lo odiaba y todo lo que él significaba eran lágrimas tristeza y dolor. No me di la vuelta para verlo una vez más, él quedaría en el pasado con mis lágrimas, observaría el mundo y sonreiría y en mi mente enterraría todo aquello que sentí por él.

martes, 19 de abril de 2011

Todo el mundo sabía

Todo el mundo sabía que el uno estaba enamorado del otro, se notaba en las miradas y sonrisas, en sus ojos. Todos lo sabían, incluido él, porque ella con su despiste de aquí a la luna nunca analizó lo que sentía, por eso… cuando él intento «Sacar un clavo con otro clavo» lloró sin saber por qué.

Con su sonrisa fingida, sus ojos tristísimos le dirigió una mirada, una de esas que antes le colocaban los pelos de punta y ahora sólo lograban romperle un poquito el corazón, sabía lo que le estaba haciendo, a pesar de que ni ella misma se diera cuenta de sus sentimientos.

Es que todos lo sabían, incluido él, todos menos ella.

Dejaron de dirigirle la palabra, lo trataron de cruel. Cuando finalmente se decidió a acabar con la tortura, la de él, la de ella, porque eso de «un clavo saca otro clavo» claramente no había funcionado, porque ella no se daría cuenta a menos que se lo dijeran, por eso se lo gritó.

Lo hizo frente al colegio; se paró en la tarima —con micrófono en mano— y le grito a los cuatro vientos, pero en especial a ella un «Te amo».

Todos lo sabían, pero fingieron no saberlo, cuando empezaron a verse, a rozarse las manos, a sonreírse con aire de complicidad, a besarse en las mejillas… en las comisuras de los labios y luego completamente. Todos sabían que ella aceptaría, todos sabían que él no aceptaría un «no», todos sabían que ellos se querían, con locura, con todo el corazón.

domingo, 10 de abril de 2011

Un simple te quiero

—Te quiero —susurre cortando el silencio que se había formado entre nosotros, a pesar de que no ser incómodo llegue a la conclusión que era el mejor momento para decírtelo.

El que me dijeras «yo igual», me abrazaras y  besaras en la coronilla me hizo comprender que no habías entendido el verdadero significado de mis palabras.

Sólo sonreí y te correspondí, no había sentido en sacarte de tu error.


—Tengo novio —dije de repente al sentir que me abrazabas.

—Sólo espero que te cuide —replicaste sin alterar el tono de voz, pero tus actos engañaban tu pose despreocupada, me abrazaste más fuerte contra tu pecho y tu aliento provocaba cosquillas en mi oreja.


—Voy a casarme —musite al sentir como tomabas mi mano.

Sonreíste feliz y besaste mi mejilla, abrazándome, a modo de felicitación, una lágrima escapó de tus ojos sin que te dieras cuenta, lo supe por que corrió libre por mi hombro.

—Sabía que te iba a querer. —Tu voz sonó cortada y triste, aún así no dijiste nada más.


—Acepto —contesté al padre mirándote.

Estabas en primera fila, con los ojos cerrados y una sincera sonrisa. En primera fila como siempre, mi primer amigo y mi primer amor, pero no fuiste tú con quien me case.

No. Aquel chico que me besaba era otro, uno que había traído mil rosas y un millón de cajas de chocolate.

Infantilmente creí que te levantarías y dirías «yo me opongo», como en las pelis, como si en verdad me amaras y fueras a detenerme.

Confié en que me detendrías en el último momento, con un beso me robarías el aliento, subiríamos a tu auto y escaparíamos a las vegas para casarnos, ese era mi sueño de niña y tú lo conocías…

Ahí en el altar una lágrima rodó por mi mejilla, cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos, así como cuando mi corazón se partió verte besándote con una chica, pero éramos niños en aquel entonces.


—Te quiero —murmuraste de repente mientras empujaba un poco más alto el columpio en el que iba el pequeño niño.

—Yo igual —conteste besando tu mejilla.

No dijiste nada. Sólo  cerraste los ojos con una sonrisa vaga.

Yo sabía a lo que te referías. El verdadero significado de tus palabras, era el mismo tono de voz  con el que te dije que te quería, con que quise decirte que te amaba…
 

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