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miércoles, 31 de agosto de 2011

Recordar


     Es que no podemos olvidar —al menos yo no puedo—las sonrisas secretas que casi besaban, las miradas coquetas que por poco tocaban. Los besos, los abrazos fuertes, las tomadas de mano, las promesas que no se cumplieron porque los días nunca llegaron, las caricias; esas que prodigabas casi con miedo, como si en cualquier momento fuera a rechazarte, cuando la verdad es que en cuanto me tocabas quedaba hechizado.

     Yo sé que aún recuerdas como me aferraba a ti, que no dejaba de mirarte, de grabar tu recuerdo en mi memoria porque así como tú tenías miedo que dejará de amarte yo temía que te fueras, peor… que te alejaran de mí, en el primer caso podrías volver; en el segundo… nada era seguro.

     Pero vivíamos con eso. Pasábamos los días juntos. Yo feliz de tenerte, tú feliz de amarme y que te amara, que te ame. Nunca mencionábamos nada sobre tu mundo o el mío, ambos tan diferentes y dispares que podían separarnos. Si en algún momento la angustia hacía acto de presencia te abrazaba muy fuerte y tú buscabas, con la suavidad y lentitud que me enloquecía, los latidos de mi corazón bajo tu mano.

     Sin embargo el día acababa junto con nuestro tiempo, era cuando la realidad nos golpeaba que soltábamos nuestras manos y los pasos que nos separaban se convertían en kilómetros.

     Y de pronto…

     De pronto…

     Todo fue tan repentino, todo fue tan rápido. Un día estabas, el otro no y al siguiente quedamos atrapados, cada uno por su lado. Nuestras prisiones diferentes, pero ambas tenían encadenados nuestros corazones, que se consumían lentamente.

     Y poco a poco nos apagamos, sumidos en el desconsuelo. Cuando el candado que mantenía unidas las cadenas se abrió con un chasquido ninguno se dio cuenta, nuestros corazones estaban dormidos. Ahogados en el sopor silencioso de las lágrimas que se habían derramado y secado.

     Pero los hilos que nos unían, cuyo tira y afloja creíamos perdido, jalaron una vez más, despertándonos del letargo en que nos sumimos.

sábado, 27 de agosto de 2011

Recordar


     Es que no podemos olvidar —al menos yo no puedo— los besos, los abrazos, las caricias; esas que prodigabas casi con miedo, como si en cualquier momento fuera a rechazarte, cuando la verdad es que en cuánto me tocabas quedaba hechizado.

     Yo sé que aún recuerdas como me aferraba a ti, que no dejaba de mirarte, de grabar tu recuerdo en mi memoria porque así como tú tenías miedo que dejara de amarte yo temía que te fueras, peor… que te alejaran de mí, en el primer caso podrías volver; en el segundo… nada era seguro.

    Pero vivíamos con eso. Pasábamos los días juntos. Yo feliz de tenerte, tú feliz de amarme y que te amará, que te ame. Nunca mencionábamos nada sobre tú mundo o el mío, ambos tan diferentes y dispares que podían separarnos. Sí en algún momento la angustia hacía acto de presencia te abrazaba muy fuerte y tú buscabas, con la suavidad y lentitud que me enloquecía, los latidos de mi corazón bajo tu mano.

     Sin embargo el día acababa junto con nuestro tiempo, era cuando la realidad nos golpeaba que soltábamos nuestras manos y los pasos que nos separaban se convertían en kilómetros.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Piruleta de Chocolate


El corazón le latía como loco, incluso ni él mismo creía aquello que veía, ¡pero era cierto! No podía ser otra alucinación más, sí lo fuera estaría perdido…

La chica estaba mirando el cielo con una piruleta de chocolate en la boca, sabía que era su sabor favorito, ella nunca comía de ninguna otra. Caminó hacia ella corriendo, el ruido de los pasos llamó la atención de ella, aunque la calle estuviera llena de transeúntes apurados por llegar a sus hogares o trabajos.

Ella lo miró, notó como sus ojos lo observaban sorprendidos, de repente sonrió y él no pudo evitar gritar su nombre sintiendo que su corazón explotaría, empujó un par de personas mientras ella relamía la piruleta y daba media vuelta. Apuró el paso, temiendo que ella desapareciera de nuevo, agarró su mano rápidamente y una chica que no era la que buscaba lo miró.

No podía equivocarse. No de nuevo. Buscando por todas partes la vio mirarlo antes de entrar un callejón, corrió gritando su nombre varias veces. Ella lo ignoraba ¿Por qué lo hacía? Lo estaba abandonando, nuevamente. Sintiendo la angustia unas lágrimas escaparon de sus ojos, llego al callejón y entró, pero no se hallaba más que un gato buscando comida en el basurero.

Resbaló por la pared y abrazó sus rodillas mirando el cielo ¿Dónde estaba…dónde estaba ella? ¿Por qué lo había dejado?



—Creó que me he enamorado de ti —balbuceó el muchacho que era entonces mientras la veía mover los pies en el agua. Ambos estaban sentados a la orilla de un río con las manos apoyados hacia atrás, aunque ella solo una porque con la otra sostenía una piruleta de chocolate, llevaba cinco en todo desde que estaba con ella. Ella veía el cielo, él solo tenía ojos para ella.

—No tiene ningún sentido —dijo ella tranquilamente—. Que me lo digas —añadió—. Para mañana te habrás olvidado de mí —murmuró tan campante. Él la observó angustiado, quería ver sus ojos.

—Claro que no, no se puede olvidar a alguien del que te has enamorado a primera vista.

—Iluso —burló soltando una carcajada—. Cómo se nota que no me conoces, cómo se nota que no sabes quién soy. ¿Sabes cuántas veces he escuchado eso? —preguntó relamiendo la piruleta—.Voy y vengo, nunca estoy en un solo lugar por mucho tiempo, para mañana me habré ido. Ya he observado el cielo de esta ciudad por mucho tiempo.

—¡No puedes irte! —protestó— ¡No puedes abandonarme! Si te vas iré a buscarte —aseguró. Ella negó con la cabeza.

—No vas a recordarme, no importa lo que pase. Mañana no me recordaras —prometió ella—. Recordarás este lugar y lo que hemos hablado, pero nada más, será como un sueño, siempre es así a donde vaya, todos me olvidan —comentó encogiéndose de hombros. 

Parecía no importarle, pero a él no lo engañaba había algo triste en su mirada—… Es mi maldición —susurró tan bajo que creyó que era su imaginación—. Voy y vengo, siempre ayudo, pero nadie nunca me recordara. Es mi destino.

—¡No me olvidare de ti! —gritó muy seguro.


No se había olvidado de ella, pero no sabía que era peor, si pasarse la vida buscándola en cada calle, en cada callejón o no saber que existía. Con el corazón destrozado, mirando al cielo la vio en la azotea, sentada tranquilamente lamiendo la piruleta con forma de corazón. Se levantó rápidamente y gritó su nombre de nuevo. Ella sacó algo del bolsillo y se lo lanzó. Por atraparlo bajo un momento la mirada. Cuando la alzo se había ido de nuevo.

Era una piruleta de chocolate con una nota pegada. «A veces el recuerdo es tan malo como el olvido. Espero que esto endulce tu recuerdo así como endulza mi tormento».

miércoles, 3 de agosto de 2011

Por ti, por mí


Por ti, por mí, por nuestro sueño, ese que nunca se cumplió, el que creímos olvidado y guardado en un cajón.

Ese en el que despertábamos juntos, caminábamos por la calle cogidos de las manos, en el que nos besábamos sin miedos, sin mentiras ni engaños…

Por ti, por mí, por ese sueño que nunca se cumplió, porque todo dio la vuelta y nuestra vida se volvió una condena, porque las cadenas son nuestras miradas, porque mi pesadilla es tu recuerdo, mi carcelero tus ojos  y tenerte un sueño imposible.

Porque cuando nos vemos cambias silenciosamente de acera o caminas como si no me vieras, porque cuando te veo apartó la mirada, pero se me es imposible no voltear a verte la espalda, porque sé que tú también lo haces y es cuando nos encontramos y volvemos la mirada al frente, donde definitivamente nuestros caminos se separan.

Por ti, por mí, por ese sueño que nunca se cumplió, por las lágrimas que murieron al caer al suelo y las que nunca abandonaron nuestros ojos.
 

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