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sábado, 26 de junio de 2010

Premio

miércoles, 23 de junio de 2010

Como cada viernes...

Se baja de la parada del autobús con la mochila al hombro y, justo como siempre, sentada en la banqueta se encuentra esa niña de cabello castaño oscuro y ojos verdes, con una sonrisa.

—Esta vez llegaste más temprano —dice la pequeña tomando su mano.

—¿Cuántas veces te he dicho qué no te escapes para recibirme? —replica molesta.

La niña baja la mirada, pero ella suspira y toma su mano. Erika es la única persona capaz de conmover su corazón. Aprieta su mano con más fuerza, como cada viernes.

—Iremos al parque. —Ella sonríe y le vuelve a mirar con esa mirada fija que logra cohibirla y parece atravesarle el alma.

Ambas están sentadas ahí sin decir nada, frente al estanque de patos. Erika la mira de esa forma como si ella fuera un sol, a pesar de que en sus pupilas solo muestra frialdad. Sus ojos color miel están lejos de demostrar dulzura. Erika lo ve todo, ve un corazón roto, una niña perdida, una sonrisa apagada, un túnel oscuro y un camino sin salida. Ella bebe un poco más de su refresco mientras la figurita infantil le mira, luego sonríe de forma misteriosa que tanto le recuerda a él. Eso lejos de incomodarle la obliga a esbozar una sonrisa triste, y acariciarle el cabello. Erika satisfecha por el gesto amplia su sonrisa, aún así la mira como si fuera un sol.

Porque sabe que al final del domingo ella tomara su mano, la apretara fuerte —con la esperanza de que la próxima vez no deban separarse— y subirá al autobús para y luego regresar como cada viernes.

Pero bueno así son las cosas. Erika estará en el mismo lugar, a la misma hora y con la misma idea en mente que cada viernes: soñando con estar siempre junto a ella, aunque sabe que sus sueños no pueden cumplirse, aún.

Erika es una pequeña extraña, ve lo que los demás no ven en ella, es capaz de saltar el muro que protege un corazón roto y amurallado, clavarte sus ojos verdes hasta desvelar tus secretos y ver todo aquello que sin importar cuánto los escondas siempre estará ahí. Erika es una niña extraña y sus ojos lo son aún más.

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Esta es de una historia que pienso sacar en un futro cuando termine "Ángel de Cristal" porque no me alcanza el tiempo y tampoco quiero sufrir un suicidio al publicar dos historias XD y me faltan cosas por arreglar así que por ahora solo disfruten.

domingo, 13 de junio de 2010

Miradas y decepción

Sientes la mirada de todos ellos clavados en ti. Algunos te miran con una pequeña sonrisa, otros solo ven tu error. No te miran por dentro, no ven que lloras en silencio; pero a ti no te importa, entre la multitud ves una ojos chocolate, solo esa te produce dolor.

Ellos te miran con tristeza, con decepción, son los únicos ojos que te importan. La única mirada que luchas por cambiar, la única que logra encogerte en tu lugar.


Agachas la cabeza aceptando tu error, en silencio pides perdón, no eres capaz de ver sus ojos, te duele ver en esos ese brillo de desencanto. Te esfuerzas al máximo por enmendar tu error, pero sabes que, sin importar lo que hagas, nada va a cambiar el hecho de que te equivocaste y te miró de esa forma que te envuelve y poco a poco desgarra tu alma.

Esas miradas no te hacen daño, te hace daño saber que todos ellos te miran de la misma forma que los ojos chocolate.
Una mirada acusadora,
una sonrisa fingida,
la decepción en sus ojos
es suficiente para quebrantarte.

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Pienso que todos tenemos a alguien que con solo una mirada es capaz de quebrarnos, alguien a quien queremos demasiado y decepcionarlos nos duele, porque no es solo decepcionarlos a ellos sino a ti mismo. Esto va para una de las personas que más quiero en el mundo.

lunes, 7 de junio de 2010

Sueño... Pesadilla… Realidad

Los recuerdos pasan por mi mente, borrosos; como una película vieja y sin sentido. Fichas de un rompecabezas con imágenes impresas, es difícil ponerlas cada una en su lugar, la tinta es borrosa por las lágrimas.

Siguen pasando, sin detener su recorrido. Tu fotografía sin vida, no hay ni una sonrisa, tachones, ralladuras me ocultan tu rostro.

La imagen, en mi mente, se deforma y veo una chica en un rincón, llorando. La habitación en penumbras, sombras acechándola. Intentó acercarme, puedo escuchar el latir de su corazón que poco a poco de apaga, rasgado por el dolor. Una persona se acerca a ella, un hombre, mucho mayor; estiro mi brazo para intentar alcanzarlo y detener su caminar, mas no puedo.

Las sombras empiezan a engullirme. Él habla y notó que ella se encoje más en sí misma, tapándose los oídos. Desea con su corazón verlo y agacha la cabeza; no es capaz de ver que sus ojos piden perdón, pero ella es incapaz de verlo, ver la sinceridad en sus ojos, está asustada y siento su miedo como si fuera mío. Tiene miedo de perdonar y que le vuelva hacer daño, como tantas veces le hizo. 

No logro ver su rostro, sólo puedo ver su terror, el dolor, el sufrimiento silencioso que oculta su corazón, sus labios son incapaces de moverse mientras los sollozos escapan de su garganta. Siento sus deseos de gritarle a esa persona cuánto daño le hace verlo, el saber que no está junto a ella. Él ruega que lo escuche, que le perdone, pero el miedo es más grande. Miedo a caer nuevamente en sus juegos, en sus ilusiones, promesas que nunca serán cumplidas. Él grita y se arrodilla frente a ella, que se abraza más, intentándose ocultar. 

De un momento a otro se levanta, y escapa. Corre sin un destino fijo, huye. Ella siempre huye. Huye de él, se sus promesas. Veo el rostro de la chica y mi sorpresa es grande al saber que soy yo.

Soy yo misma. La imagen me muestra lo que hago contigo, me di cuenta de que huyo de ti, incapaz de verte, de caer nuevamente y no tener fuerzas para levantarme. Las sombras terminan de cubrirme y ya no soy capaz de verte en esa habitación, ahogándote en tu propio dolor, sabiendo que eres el culpable de todo, pidiendo perdón por tus errores. 

Pero yo no soy capaz de verte, porque a pesar de que tus sinceros ojos me digan que lo sienten, eres tendente a caer, por eso prefiero alejarme, por temor a no levantarme.

Me da miedo, me he convertido en una cobarde. Siempre huyendo de ti. 

Despierto con el corazón a mil por hora, pienso que todo fue un sueño, una simple pesadilla. Eso pienso hasta que veo que no estás, la habitación sigue en penumbras, y los sollozos que escapaban a través de la garganta de la chica, son los gritos que expresan mis ojos porque soy incapaz de pronunciar con mis labios el daño que me hace el no estar junto a ti.

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Bueno sé que anduve desaparecida por unos días y no había vuelto a poner relatos, pero es que me enferme, en el colegio me sobre explotan. Tengo una pésima suerte porque se me juntó todo. Pero no he muerto y les pase a dejar este relato.
 

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